Anti-reseña de In the Aeroplane over the Sea de Neutral Milk Hotel

reseña

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por Ignacio Rial-Schies, originalmente para Música para la Posteridad.

https://www.youtube.com/watch?v=Wabrnt1MVVQ

La Perla de Once ahora es un Kentucky. Y si escuchás “La Balsa” de Los Gatos, seguida de cualquiera de los grandes discos grabados en 1967 como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band o The Piper at the Gates of Dawn vas a empezar a darte cuenta de por qué acá nos gusta tanto el lo-fi. Desde los comienzos del rock nacional, los discos se grabaron en condiciones bastante distintas a las de las grandes bandas del hemisferio norte y el gusto, lejos de ser una elección, cristaliza en torno a esas mismas condiciones.

Digo esto para tratar de explicar por qué pensé en In the Aeroplane over the Sea, el segundo de Neutral Milk Hotel, cuando me pidieron que eligiera un disco para esta página. Y el esfuerzo lo hago, en mayor parte, para evitar usar la palabra “indie” y todavía más “hipster”.

Recuerdo bien cómo llegué a este disco. Fue después de leer una reseña de otro, The Flying Cup Club, de Beirut, que me gustaba mucho cuando salió y hoy me parece un disco simpático pero menor con respecto a In the Aeroplane over the Sea. La reseña ponía a los dos discos en relación: el de Beirut retomaba tantos elementos del de Neutral Milk Hotel, decía el reseñista, que sería una injusticia no reconocer el parentezco artístico. O algo así. O quizás la referencia no fuera a Neutral Milk Hotel, sino más bien a Elephant 6, la discográfica-cooperativa que editó el disco, pero a esta altura da igual, en mi memoria afectiva estos discos son indisociables.

Esa reseña tengo que haberla leído más o menos en 2007, lo que para mí fue la primera época de internet, cuando reunirse con gente que uno había conocido online era algo nuevo y transgresor. A través de last.fm empecé a juntarme con un grupo que frecuentaba recitales de El robot bajo el agua, que era lo más parecido a Neutral Milk Hotel que podía escucharse en vivo por acá. (Ahora me pregunto si El avión se estrelló y yo sigo volando, de Jaime sin Tierra, no será una referencia al título de este disco).

Pero estoy divagando cuando una reseña debería ser un texto breve. De lo que quería hablar es un disco que considero entre los mejores de la historia de la música y de cómo es un representante del género vagamente entendido como “lo-fi”. Jeff Magnum es el vocalista y centro creativo de la banda. El disco incluye dos mini operas de rock, que para mí son tributos a The Who: “The King of Carrot Flowers”, de tres partes y “Two Headed Boy”, de dos. Quizás sea solo por los títulos y algunos arreglos que esas pistas componen algún tipo de unidad, pero creo que, junto a “Holland, 1945”, un tema dedicado a la memoria de Anna Frank, son las joyas del disco y una demostración de la habilidad de Magnum para crear paisajes sonoros y líricos que lo transporten a uno a dimensiones que la música mainstream ya no alcanza o quizás nunca podría visitar.

Un párrafo propio merecería el trabajo de Robert Schneider, el productor y probable responsable por el sonido que hace inolvidable a este disco. Pero como entiendo más bien poco de las técnicas de producción, solo voy a parafrasear vagamente lo que leí en Wikipedia para darle un poco de polenta a este texto. El tipo tomó un concepto de producción de Phil Spector, el de la “pared de sonido”, que con la tecnología rudimentaria (“lo-fi”) ya disponible en los ’60 engorsaba el sonido superponiendo capas de audio que se hacían pasar por una cámara de eco, un sótano de paredes duras lleno de parlantes que bramaban ondas sonoras para que rebotaran antes de ser captadas de vuelta por un micrófono. No sé si Schneider habrá usado esa técnica en particular para el disco, o ya algún efecto electrónico disponible en 1997 cuando lo grabaron. Pero sótanos llenos de parlantes son lo hace falta para que haya más música como esta.

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