Merlí, o sobre la imposibilidad de traducir al Español Latinoamericano

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por Ignacio Rial-Schies

Hace poco, en una reunión de fin de año, una amiga me sugirió que escribiera una anécdota de trabajo que había contado. Postergué algunos días la invitación, o el desafío, como hago con la mayoría de las cosas que imagino complejas o no puedo prever cómo concluir, pero la idea seguía retornando. “¿Por dónde empiezo?” es la pregunta que me llevó a abrir el documento de texto donde estoy tipeando. Voy a tratar de responder a esa pregunta.

Soy traductor. O, más bien, me gano el dinero que necesito para sobrevivir en mayor parte traduciendo textos, pero más aún traduciendo videos, del inglés y el alemán hablado, al castellano escrito, generalmente a la variedad rioplatense que es la que me tocó como argentino nativo. Básicamente, mi trabajo es armar subtítulos. A veces me toca subtitular videos que ya están en castellano, a lo que no se le dice traducción sino transcripción, lo cual toma casi el mismo tiempo pero se paga bastante menos. En algunos casos excepcionales pero cada vez más frecuentes, algunos clientes me piden traducir entre distintas variedades del castellano: del ibérico al latinoamericano o viceversa.

En la anécdota que conté esa noche, en una fecha tan propensa a la rememoración, a las listas de “top 5”, a las promesas incumplibles y demás narraciones clara y modernamente estructuradas, conté del trabajo más extraño que me había tocado hacer en 2016.

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Merlí es una muy linda serie protagonizada por un profesor de filosofía de secundario. Los capítulos suelen girar en torno a la clase semanal del profesor, Merlí, un tipo bonachón en el sentido más español del término: viejo pero atractivo, con levante para las mujeres de su edad y comprensión paternal para con sus alumnos. En los dos capítulos que me asignó el subcontratista de Netflix para subtitular, las clases trataban sobre Nietzsche y Schopenhauer. Producida con fondos públicos de la provincia de Cataluña, y respondiendo a la cuota de programación hablada en catalán que establece la legislación de la misma, la serie ―exceptuando los momentos donde los alumnos se encontraban en la clase de español, cuyo profesor obviamente fallece en el capítulo dedicado a Nietzsche― la serie estaba enteramente en catalán.

Yo no hablo catalán y lo entiendo poco. Eso no sería un problema, me dio a entender Miley,1 la coordinadora estadounidense del subcontratista de Netflix. Para cada capítulo hay un guión en Peninsular Spanish, a partir del cual yo podría armar los subtítulos en Latin American Spanish.

Antes de perder el tiempo explicándole a Miley que, lejos de parecerse a la relación entre inglés británico y el americano, respectivamente representados por sendas instituciones de referencia como el diccionario de Oxford y el de Webster y diferentes en rasgos fácilmente tabulables como la ortografía de “colour” y “color” o el uso del sistema métrico y el imperial, la relación entre español ibérico y castellano latinoamericano es tan compleja que no se me ocurre una sola metáfora para describirla con algún efecto cómico,2 elegí ponerme a trabajar y editar el guión ibérico como para que lo entendiera alguien que hablara como alguno de los pocos mexicanos que conocí personalmente en la vida.

Nunca supe si el subcontratista de Netflix me dejó de mandar trabajo por mi discutible manejo del español latinoamericano o fue solo una casualidad.3 De lo que sí estoy seguro es que el Latin American Spanish, por más que a Netflix le sirva para abaratar costos y ofrecerle a todo el rango de IPs registrado en la región los mismos subtítulos producidos en condiciones de precariedad, flexibilización e incertidumbre laboral más extremos, no existe. O si lo hace, está tejido como una cuna de gato entre los dedos de jóvenes latinoamericanos que, como yo, intentan juntar un sueldo trabajando en sus computadoras desde sus casas o desde algún bar, tramando la fantasía lingüística de la industria cultural internacional, que en  Europa se adecua a cuotas estrictamente calculadas para las identidades regionales pero, cuando se trata de venderle a los mercados periféricos, reduce todo a lo mismo.


1. Para respetar su derecho a la privacidad, le cambié el nombre.
2. Un dato difícil de incluir sin extender el relato más de lo que merece es que entre la entrega de los subtítulos del primero y el segundo capítulos, para responder a los señalamientos de Miley sobre cómo yo no estaba “traduciendo” el texto de Peninsular Spanish a Latin American Spanish, le contesté esto: “The difference between Peninsular Spanish and Latin American Spanish is traced along different lines depending on where in South America you’re located, since Latin American Spanish as such does not exist. What I did for Merli was basically changing the use of the second person plural from “vosotros” to “ustedes” (which is the clearest difference) and correcting all verbal conjugations to match Latin American usage. Because of the actual similarity between Catalan and Peninsular Spanish and, by extension, also with Latin American Spanish, I left some expressions which are not frequently used in Latin America but can be generally understood, such as “¡Joder!” “¡Cabrón!” and “¡Tomar por culo!” just as they are.”
3. Temí que no lo hicieran, pero a los pocos días me pagaron por el trabajo.

2 Replies to “Merlí, o sobre la imposibilidad de traducir al Español Latinoamericano”

  1. mirà , agarrè el primer capitulo en español de españa porque mis alumnos me mandaron “el vuelo del moscardòn” la busquè por youtube para ver de que se trataba y me encuentro que las voces no coincidian con la “expresion”. Dije -“que malo es esto” asi que se me ocurriò guglearlo y era en catalàn . Aunque no lo aprendì ahora si tenia sentido la “expresion” . asi que en este momento estoy mirando ese 1 capitulo subtitulado. No se deberian doblar las pelis ni las series. Pierde todo el contenido y te deja “la publicidad” para convencerte de mirar “la casa de papel” que me cansò al tercer capitulo.
    Saludos

  2. Pablo dice:

    ¡Ni qué decir más! Estoy viendo Club de Cuervos, y como no encuentro subtítulo en español «latino», la tengo subtitulada en inglés, porque la verdad que hay veces que no puedo entender qué dicen. Y el español «mexicano» es también latino.

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