¿Se puede andar en un auto así?

traducción periodística del alemán

Written by:

Esta es la traducción de “Darf man so was fahren? Beliebt und gefürchtet: Wie der Ford Falcon zum umstrittensten Auto Argentiniens wurde”, escrito por Maximilian Zierer para Die Zeit.

Amado y temido: de cómo el Ford Falcon se convirtió en el auto más polémico de Argentina.

Original por Maximilian Zierer para Die Zeit.
Traducido del alemán por Ignacio Rial-Schies.

Cuando los amigos del Falcon se encuentran en el estacionamiento de un supermercado al borde de la Ciudad de Buenos Aires, vienen todos: Claudio con su Ford Falcon anaranjado resplandeciente; Luis con su modelo de los setentas, que brilla tan celeste como la banderita argentina que lleva en el techo; y naturalmente Humberto, de casi 90, con la perla del club: un Falcon plateado de 1967, que aun con 800.000 km encima se ve como nuevo. Más de 50 viejos y jóvenes en total. Desde la primera tanda de 1963, igual a los cruceros urbanos estadounidenses, hasta el último modelo de 1991 con los faroles rectangulares. Este día casi primaveral de fines de mayo, el club festeja sus 20 años de existencia. Acá el pasado oscuro del Falcon no tiene lugar.

Para conocerlo hay que viajar a Núñez, al norte de la ciudad. Ahí está el complejo de la ESMA, que fue una escuela militar. En los años setenta y ochenta, los esbirros de la dictadura militar argentina llevaban a sus víctimas ahí para torturarlas antes de meterlas en aviones para tirarlas desde la altura, todavía vivas, al Río de la Plata. “Desaparecidos” se les dice en Argentina a las 30.000 víctimas de la dictadura del General Videla, que con frecuencia eran secuestradas en plena vía pública y jamás vueltas a ver. Todos los últimos domingos del mes, el mismo día que se encuentran los amigos del Falcon, grupos de sobrevivientes guían a los visitantes por el predio y les cuentan del terror de la dictadura. Ellos también hablan del auto: en ese entonces el Falcon era el auto estándar de la policía y de los militares, y a menudo fue usado para los secuestros. Los servicios tenían una evidente predilección por el modelo verde. El Falcon verde se convirtió así en el símbolo de la vulneración de los Derechos Humanos y del abuso del poder del Estado. En todo el país había cárceles donde se torturaba, muchas descubiertas o reconocidas como tales solo hace poco. En 2014 salió a la luz que algunos trabajadores de la misma fábrica de Ford en Pacheco también fueron torturados durante la dictadura.

¿Puede celebrarse un auto así? Diego Moro no tiene ningún problema. Sobre un costado de la reunión del club del Falcon, vende mates, tazas y remeras con imágenes impresas del auto, el clásico argentino-estadounidense. Moro, ya entrado en los cuarenta, es algo así como el vocero del grupo. Tiene una campera de polar con el emblema de Ford. Lo que cuenta de la escudería es una historia nostálgica de los buenos viejos tiempos. Y con muchas ganas se toma el tiempo para contarla.

Los primeros Falcons fueron producidos en EE.UU y traídos por partes a Buenos Aires en 1961. A comienzos de los sesenta, la industria automotriz norteamericana se expandió con esas carrozas rebosantes de fuerza y promesas de libertad hacia América del Sur. Para los amigos del Falcon, esas promesas se sostienen más de cincuenta años más tarde. Chrysler trajo entonces el Valiant, General Motors produjo primero el Chevrolet 400, después el Chevy. El Ford Falcon fue comercializado como el “Amigo de fierro”, como un auto altamente motorizado, deportivo, para toda la familia. Diseñado y construido originalmente en EE.UU, el Falcon rápidamente se convirtió en el coche argentino típico del segmento superior del mercado, producido completamente en la fábrica de General Pacheco, 30 kilómetros fuera de la capital. Por la línea de montaje rodaron hasta 1991 casi 500.000 Falcons. Autos deportivos de los sesentas y setentas como el Chevy o el Falcon tienen todavía hoy muchos seguidores en Argentina, también porque los autos importados nuevos son notablemente más caros. Entre los seguidores emergieron rivalidades, alimentadas también por las carreras de autos. Algunos llegan a decir que entre Ford y Chevrolet hay algo comparable al superclásico del fútbol, River contra Boca. Pero ningún auto divide a la sociedad argentina hoy como el Falcon.

En la antigua escuela militar ESMA, Ricardo Camuñas cuenta su historia a un grupo de visitantes. En la época de la dictadura tenía contacto con un abogado que luchaba por los Derechos Humanos. Al parecer, por eso dos hombres estacionaron su auto frente a la casa donde cenaba con amigos y lo espiaron. Algunos días después fue secuestrado en la estación central de ferrocarril Retiro en Buenos Aires. “Sentí un golpe, después me tiraron al piso y me patearon”, les cuenta a los visitantes. Luego le vendaron los ojos, lo sentaron en un auto y lo engrilletaron. A dónde lo llevarían, Camuñas no podía saber entonces. Ahora sabe que estuvo preso en la ESMA.

Ahí, en el Museo Sitio de Memoria y Derechos Humano, la muestra y los videos apuntan una relación cercana entre el Falcon y la dictadura. En una película se escucha a una testigo. Estuvo de visita en la ESMA de pequeña porque era amiga de la hija del jefe de la cárcel que vivía en la planta baja con la familia. El video muestra su declaración en un juicio: describe cómo vio por la ventana de la opulenta casa de servicio que los militares sacaban a víctimas del baúl de un Falcon verde y las entraban al edificio marchando a punta de pistola. Algunos nunca volvieron a aparecer.

El Ford de Diego Moro, el vocero del club del Falcon, no es verde sino blanco. Este es su auto de uso diario, dice. En casa tiene otro que manejó su abuelo. Este, de 1991, venía de fábrica con cierre centralizado y aire acondicionado. Todavía lo maneja con frecuencia, a pesar de los 280.000 kilómetros que marca. Con el tiempo, Moro pasó su Falcon a GNC ― en Argentina también subió el precio de la nafta.

En 2012, la fiscalía confiscó 43 Ford Falcon producidos entre 1976 y 1982 de un depósito de una base de la marina en Bahía Blanca que habían sido usados por los militares para los secuestros. Los autos sirvieron de evidencia para uno de los procesos judiciales que todavía hoy abordan los crímenes de la dictadura. En actas oficiales, la corte habla de “incontables” testimonios sobre la utilización del Falcon para el terrorismo de Estado. “Los militares usaron este modelo para los secuestros y detenciones de cantidades incontables de personas,” dicen. Como símbolo, el Falcon habría esparcido el temor entre la población. “Si se veía un Falcon en la calle, con frecuencia era una señal de que los grupos de tareas estaban activos.”

Al hablar con Diego Moro sobre este capítulo oscuro de su amado Falcon, se vuelve monosilábico. Pausa brevemente y dice: “Lo que pasó, pasó. Es una pena, porque oscurece un poco la historia del auto.” Pero ahí no puede hacerse nada. Su explicación al respecto es simple: “Entonces, todos los autos de la policía y los militares eran de Ford. Los camiones también. Ford solo ganó la licitación. Si la hubiera ganado Chevrolet, estaríamos hablando de Chevrolet.” El auto no tiene la culpa.

Para Omar Estela son excusas. “Claro que el auto no tiene la culpa,” dice, “pero me molesta que la gente todavía ignore que el Falcon fue un instrumento de tortura.” El escultor de barba blanca está sentado en su taller del barrio de Barracas y sirve agua caliente en su mate. Si le regalaran un Falcon, dice, no lo aceptaría. Durante la dictadura, Estela se involucró en los movimientos estudiantiles, y estuvo detenido brevemente en un Falcon, pero fue liberado. “Por eso tenía un rechazo particular por ese auto,” dice. A comienzos de los 2000, compró junto a otros artistas un Falcon verde de un remate de la policía. Los artistas pusieron manos a la obra: desarmaron el auto en todos sus componentes y los pintaron de blanco. “Serruchar el Falcon fue como faenar un animal salvaje,” dice Estela. El Ford serruchado está expuesto ahora como obra en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Lo titularon “Autores ideológicos”.

A Diego Moro le enoja que los conductores de Falcon sean vistos con sospecha. El auto, ¿un instrumento de los torturadores? Cuando su abuelo compró su auto, en “esas cosas”, como dice él, no se pensaba. Era simplemente un lindo auto con un buen precio de reventa. “Todo eso es un tema que les interesa más a los extranjeros que a los de acá,” dice Moro con la mirada firme. Pero después se detiene. Cuando uno dice que maneja un Falcon, puede ser mal visto, dice después. “La gente le pregunta a uno: ¿manejás un Falcon? ¿Es verde?” ― “No.” dice entonces. “Es solo un Falcon.”

One Reply to “¿Se puede andar en un auto así?”

  1. Oscar Alberto Tocco Demeglio dice:

    ¡Joya! El Ford Falcon que tuve era de 2ª mano y era una joya, verde, de techo vinílico blanco. Arriba de la radio le puse un cartel autoadhesivo con la caricatura de Raúl Portal que rezaba “YO RESPONDO A MIS MAMBOS NATURALES”

Dejá una respuesta