Guston, Philip. Piero della Francesca, la imposibilidad de la pintura

El siguiente texto es mi traducción del texto de Philip Guston, “Piero della Francesca, la imposibilidad de la pintura”, publicado en su antología Pinto lo que quiero ver, del cual no he encontrado una traducción publicada al castellano.

Persiste cierta ansiedad en las pinturas de Piero della Francesca. Lo que vemos es la maravilla ante lo que está siendo visto. Quizás esta ansiedad sea de la misma pintura.

¿Dónde puede ubicarse todo, y en qué condición puede existir? En El Bautismo de Cristo, estamos suspendidos entre el orden que vemos y la aprehensión de que todo podría moverse. Pero no. Es un punto extremo en la “imposibilidad” de la pintura. O su posibilidad. Su frustración. Su continuidad.

Está tan lejos de otros maestros — carece de la “completud” de su personalidad. Un fervor diferente, grave y delicado, se mueve en la luz diurna de sus pinturas. Sin nuestras pasiones familiares, es como un visitante a la Tierra, que reflexiona sobre las distancias, la gravedad y las posiciones de las formas esenciales.

En El Bautismo, como si abriera los ojos por primera vez, árboles, cuerpos, cielo y agua están representados sin manierismos. La pintura no es nunca más que una fracción del equilibrio de su pensamiento. Su ojo. Uno no puede establecer si los ritmos de sus espacios se sustituyen por formas, o las formas por ritmos. En La Flagelación, su pensamiento es difuso. Todo está totalmente expuesto. La obra está en movimiento. La caja arquitectónica es abierta por el gran bloque de discursantes a la derecha, como si una puerta se hubiera deslizado para revelar su contenido: la flagelación de Cristo, la única “perturbación” en la pintura, pero ubicada cerca del fondo, como en el recuerdo. La imagen está dividida casi a la mitad, pero las partes actúan una sobre otra, se repelen y se atraen, se absorben y se agrandan mutuamente. Por momentos, parece no haber ninguna estructura, no haber dirección. Podemos movernos espacialmente en cualquier dirección, como en la vida.

Posiblemente no sea una “imagen” lo que vemos, sino la presencia de una ley necesaria y generosa.

¿Es la pintura una precaución vasta para evitar la inmovilidad total, una sabiduría que incluye la duda parcial sobre el destino final de sus formas? Esta duda podría ser lo que mueve y ubica todo.

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